lunes, junio 09, 2014

Jacarandas florecidas



Ana María Gómez Vélez

Lee el cuento rechazado en tres concursos por "fuerte"


Cuando miro la ciudad desde el quinto piso todo es distante. Si al menos las jacarandas florecieran… aunque sé que tres jacarandas florecidas no hacen primavera.

Gregorio, mi amante telefónico propone: Llamá al técnico de computadores y ponés aquella foto de fondo de pantalla. Lo hice pero cuando el técnico vio la imagen, sonrío, me miró con picardía y contó una visita donde le propusieron hacer un trío... Suena el teléfono: ¿Aceptó? No fui capaz… Bien, intentemos entonces con el chico de la droguería…. Tengo la falda que te gusta, sin nada debajo… mmm, qué rica cosita de mi vida y ¿el técnico se dio cuenta?…


Un martes me llamó Manuel, el fotógrafo, contó que participaría en un concurso y me necesitaba de modelo y si ganábamos la mitad del premio era mío. Acepté y Gregorio me acompañó. Fuimos en el carro de Manuel quien afirmaba: Solo tiene que quitarse la ropa y posar. Tranquila que no se verá nada y además no la reconocerán. ¿Para qué me toma las fotos? pensé. Pero quería ensayar. Así que empezamos.  Posar era muy demorado además hacía un poco de frío. Gregorio fue a recoger unas mantas al carro, mientras tanto el fotógrafo intentó sobrepasarse conmigo. Yo me reía pero tenía mucha rabia, le pegué con una tabla, se cayó la cámara…Pero seguimos en la sesión. Visité la exposición varias veces con diferentes acompañantes. Nadie me reconoció. Me dio mucha lástima. Tampoco se ganó el premio. Esta aventura sirvió para alimentar las charlas que sostenía cada noche con Gregorio, que si hubiéramos hecho un trío, que si yo hubiera aceptado que Manuel me tocara descaradamente y él llegaba y nos acompañaba… que si tomaba fotografías sin que lo viéramos…

 Un viernes tuve que bajar de mi torre, mi pantalón se rompió justo frente al local de don Simón, el sastre. Es un hombre mayor pero simpático. Así que le pedí el favor de que me ayudara. Quítese el pantalón en la trastienda, le paso unas costuras y se verá nuevo. Quiere café. Sí, gracias. ¿Cómo le gusta? Bien oscuro y caliente. Estará listo mientras trabajo en la máquina de coser. El aroma del café me hizo salir, me tapé con una manta que había por allí. Yo misma me sirvo, para que no se enfríe. ¡Uy! pero quién la ve, tiene unas piernas de princesa. Dé la vuelta. Me encerré otra vez.  Don Simón, páseme el pantalón por favor. Sí, pero tiene que venir por él. Pórtese serio que no me gustan las tonterías. Está bien. No se enoje que no la estoy insultando. Solo la admiro. Acuérdese que yo siempre estoy aquí… Cuando esté aburrida puede venir, le preparo un tintico y le pongo tangos, boleros o salsa. Mire, mi equipo de sonido es muy bueno. Tómese otro tintico con tostados, oiga este bolerito para que se calme. Me tomé el tinto y aguanté a Tito Cortés que gritaba como desesperado… cuando empezó Leo Marini me retiré. En la llamada de esa noche se lo conté a Gregorio y me dijo: Juanita… siempre tan graciosa y por qué no le propusiste nuestro sueño…

Conseguí una psicóloga, se llamaba Marina. Necesitaba desentrañar algunas cosas en mi vida. Ella me dijo: Oye Juanita, ya quiero que sea miércoles en la tarde para saber cómo sigue la relación con tu adorado Gregorio, haciendo el amor todas las noches con la imaginación.

Pero yo necesitaba más. Quería ver a Gregorio, que almorzáramos juntos, que me acompañara a caminar bajo la luna... quería sentir sus manos en mi cara, mi espalda, mis caderas, entre mis piernas… Esas caricias que me explicaba con murmullos por teléfono.

 Y Gregorio se ponía cada vez más exigente. Como no logré conseguir acompañante cambió de idea, quería que yo consiguiera una amiga. Le propuse diferentes juegos pero él exigía una mujer que aceptara estar con los dos o al menos que estuviera conmigo delante de él. Ahora nuestras conversaciones nocturnas giraban en torno a la idea de qué haríamos en nuestra cita con la amiga. Qué rico tener dos nenitas juntas… Decidí no volver a recibir sus llamadas.

 Ensayé a buscarme otro amante. Fui donde don Simón y estaba serio, al poco rato llegó una señora: Mi esposa, ella es Juanita, nuestra vecina, trabaja en la Notaría 29.

Llamé a Manuel y me dijo que había cambiado, que ahora pasaba por otra etapa y tenía un novio divino.

 Entonces me enfrasqué en una relación tortuosa por Internet, en Face-truck conocí a Pedro Pablo, me hablaba de sexo todo el tiempo, un sexo rudo, con golpes y torturas. En realidad no lo hacíamos, me pedía que me sentara frente a la cámara y le hiciera caras, sonrisas y se conformaba con mirarme. Nunca me pidió un desnudo, yo bailaba para él con o sin ropa y le hacía muchas monerías. No me atrevía a citarlo en mi torre y tampoco justificaba que nos encontráramos. Me daba terror: ya había noticias de varias mujeres asesinadas por sus novios virtuales, y la obsesión por hablar con el tal Pedro Pablo era intensa. Ya no estaba rindiendo con la escritura de minutas, trabajo que hacía desde mi torre. Y las citas con Marina se volvían rutinarias. Así que decidí desconectarme. Hice el propósito de salir de la red por una semana.

 A los pocos días, un martes, recibí la llamada de Gregorio. Me dijo que le había hecho mucha falta. Hicimos el amor toda la noche por teléfono. Retomamos nuestra relación con más ímpetus.

Pensé que ya había abandonado la idea de la amiga cuando dijo La próxima semana viajo a Cali, alista todo para que pasemos tres días juntos. La primera noche quiero que salgamos a bailar ¿Por qué no le dices a Marina que nos acompañe?

Ese miércoles le dije a Marina el viernes viene Gregorio y quiere que salgamos a bailar contigo. Así que ya tenemos una cita.

Esa noche soñé que Marina y yo nos peleábamos, nos dábamos muchos golpes y luego terminamos bañándonos en una tina de chocolate derretido… al despertar la llamé y le conté. Escuché su risa… nerviosa. Gregorio llega a las 5 de la tarde, pasamos por ti a las nueve y media. Vale.

El viernes al medio día llama Gregorio: dile a Marina que esta noche es nuestra…

En la discoteca Marina y Gregorio se entendieron muy bien. Bailábamos por turnos. Había mucho erotismo en el ambiente. Una carga que yo nunca había sentido. Tal vez era la ropa que yo misma había elegido para Marina y para mí o tal vez…

  Al cierre fuimos a mi torre. Acodados en la ventana conversando y tomando un trago vi que Gregorio estaba andando por las piernas de Marina. Bueno aquí se acaba todo. No me gusta que mi novio toque a mi psicóloga. Gregorio me besó en la boca y me acarició despacio la espalda. Haremos lo que quieras. Puso música suave y tomó a Marina de la mano, empezaron a bailar para mí, una rutina que yo tenía en mi cabeza pero que nunca les había narrado. Tomamos un par de copas más… yo me dormí en el sillón. Al despertar me dolía terriblemente la cabeza. Marina dormía en el sofá y Gregorio en el cuarto de huéspedes. No se habían quitado la ropa. Mientras esperaba que despertaran preparé desayuno para los tres y pensé que podríamos ir a un baño turco.

Cuando miro la ciudad desde el quinto piso las cosas no parecen tan distantes. Veo las jacarandas y sé que tres jacarandas florecidas hacen primavera.


1 comentario:

  1. Hola gustó el cuento. Divertido. Esos jurados nunca entienden por eso fallan
    Sigue escribiendo

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¡Que rico verte!
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Penélope