¿Por qué siento el anuncio de la despedida
en cada saludo tuyo?
cuando estamos cerca?
Gotas de miel con ajenjo
Los textos que escribo son pretextos para comunicarme, son como la ilusión que viene y va, como la brisa que sopla unas veces con tanta fuerza que nos despeina y otras es tan leve que ni se siente. Espero que lleguen a tus ojos y no pierdas la ilusión -ni la paciencia-.
Para el guardián de los libros, cuando era el tiempo.
Mañana de sol y de pájaros.
En tu cama. En tu casa.
El gato enroscado en el cuadro.
Libros y calma.
Acodada en la hamaca
leo poemas y escucho jazz.
Mientras nos disfrutamos
dejamos todo en la mesa.
Tu sonrisa intacta
entre un manto de tiempo y de distancia
mi inquietud no cesa.
Perfume de limones y de yerbabuena.
Hamaca, libros, jazz, cuadros,
telón de fondo.
Solo tú y yo.
Aunque no regresaré.
Lunita
El amor es de piedra
de aire
de nubes
de hielo en astillas
de brisa de la tarde
de flores en verano
de cascada rugiente en invierno
I. Y le dije: Ven a mi lado apóyate en mi hombro, deja que acaricie tu cabeza y te ponga ungüentos olorosos a maderas y azahares para que tu cuerpo descanse de sus dolores. Llevé entonces velas y flores de frangipán y ungí su cuerpo y lo acaricié despacio, con dulzura, quedito, quedito, hasta que durmió en mis brazos por tres noches y tres días. Lo alimentaba con leche de cabra y pan ácimo, pescado ahumado y tomates con albahaca. Todo igual, todo distinto.
Habló a mi corazón y me contó sus penas, apoyó su cabeza en la almohada y luego ya descansado y en paz me tomó en sus brazos y fuimos el amor y los sueños y volamos en carros de fuego al cielo y bajamos al infierno tantas veces con angustia y buscamos el secreto de las amapolas y los nidos de las arañas y las golondrinas e inventamos palabras para nosotros y reímos y cantamos y fuimos uno y dos y tres y seis y siete y cuatro por doce y soñamos despiertos y vivimos dormidos. Fuimos libres y amantes y dos y todos.
II. Pensando mejor, fue así: Existíamos tú y yo. Tu mirada con su luz abrió mi entendimiento y me dio la fuerza para avanzar entre espinas y abrojos hasta llegar a tu orilla renovada y llena de esperanzas. Fue tu mano la que me dio de comer y de beber y fueron mis palabras las que salieron de mi pecho para sanar mis heridas y me hiciste descansar en tu almohada.
Después de la transformación me diste tu amor como una ofrenda de sedas y flores rojas.
Transcurrimos por una senda de luz y de calma, transformamos los sueños en besos y el temor en sosiego. Y fuimos el amor y los sueños y la vida. Y fuimos libres y amantes y dos y todos.
Analuna
Escrito un martes de abril del año de gracia de 1352 en Coímbra